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Hoy comenzarás a desarrollar ideas para tu ensayo narrativo. Responde las siguientes preguntas:

Piensa en un amigo y en cómo se conocieron. Escribe un ensayo narrativo que describa cómo se conocieron y explique por qué se hicieron amigos.

¿Sobre qué amigo podrías escribir? Haz una lista y luego escribe el que elijas en mayúsculas.

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Answered by GPT-5 mini AI
Posibles amigos sobre los que podría escribir:
- Un amigo de la infancia: Javier, del barrio.
- Una compañera del colegio: Lucía, de la clase de arte.
- Un compañero de universidad: Andrés, del taller de fotografía.
- Una amiga del voluntariado: MARTA.
- Un colega del primer trabajo: Sofía, del equipo de marketing.

MARTA

Conocí a Marta un verano en el programa de voluntariado municipal para recuperar un huerto comunitario. Era la primera vez que participaba en algo así y llegué con pocas expectativas: ropa vieja, guantes prestados y la intención de ayudar un rato. Ella estaba en el centro del grupo, con una gorra rota y una sonrisa fácil, organizando palas y preguntando por quién podía traer tierra.

Al principio hablamos de cosas triviales: de dónde éramos, por qué habíamos decidido inscribirnos. Marta me contó que estudiaba biología y que le fascinaban las plantas urbanas; yo le dije que quería aprender algo sobre cultivo porque pensaba tener algunas macetas en mi balcón cuando volviera a casa. Trabajamos codo a codo limpiando camas de tierra vieja, arrancando malas hierbas y plantando semillas. Hubo un momento en que una regadera se rompió y, entre la risa y el desastre de tierra mojada, quisimos arreglar la situación improvisando con una botella y varios trapos. Ese pequeño caos nos obligó a colaborar de inmediato y rompió cualquier formalidad.

Lo que empezó como una compañerismo de tarea se convirtió pronto en conversaciones más largas. Durante las pausas nos contábamos historias: de las excursiones de infancia, de los trabajos que habíamos tenido y de los proyectos que soñábamos. Marta tenía una manera de escuchar que te hacía sentir importante; hacía preguntas concretas y volvía a retomar detalles semanas después, como si guardara cada anécdota. Además, compartíamos un sentido del humor parecido, sarcástico y afable, que hacía livianas hasta las tareas más aburridas.

La amistad se consolidó cuando, unos meses después, pasé por una mala racha con un examen importante. Marta me llamó, revisó apuntes conmigo y me acompañó a estudiar al café de siempre. No juzgó mis dudas ni mis nervios; en cambio, me animó con paciencia y estrategias que ella misma había usado. Sentí entonces que no era solo una compañera de proyecto, sino alguien en quien confiar. Con el tiempo, nuestras diferencias también resultaron valiosas: ella era metódica y yo más impulsivo; ella planeaba y yo improvisaba. Eso nos equilibraba y nos permitió aprender mutuamente.

Hoy seguimos encontrándonos, ya no solo para trabajar la tierra sino para compartir cenas improvisadas, senderos y proyectos pequeños. Nuestra amistad nació de una circunstancia casual, pero creció por la combinación de una buena disposición para ayudar, conversaciones sinceras y la voluntad de estar presentes en los momentos importantes. Quizá lo más cierto es que, con Marta, la amistad se construyó trabajando juntos, riendo y apoyándonos cuando hacía falta.